una barra, una mujer
milyunavuelta para encontrar un bolichón, ese que te hace sentir cómodo, ese que se siente casa y no es la oficina.
inquieto, quédate quieto.
se enamora entonces uno de un lugar, de una coyuntura de estados de ánimo tan efímera como irrepetible.
mi bolichón
y ahí todo es cómo a uno le gusta, cómo uno cree que es y que será. ahí es cuando te llega el turno-cartón-lleno.
es entonces que se deja morder y saborear. es ahí que se convierte la flor en fruto y el perfume en sabor. hasta ahí nomás valor.
¿querés más? empezá de nuevo.
pero hay excepciones rondando. sólo hay que saberse dejar encontrar.
[[silencio de las 4AM de montevideo (con vientito-heladera-teclado)]]
angustia hermética en iso-8859-1
desenfrenada carrera por completar las mil y una a tiempo. ¿a tiempo de qué?
cercanía inminente de lograr las libertades cotidianas. ¿libertades de qué?
urgencia desmedida por estar donde quería estar pero sin dejar flotando insomnios potenciales. ¿estar dónde?
tiempo, libertad, estar... todo se escapó por esa ventanita de 2 horas que hace la diferencia entre lo que pudo haber sido y lo que no podrá volver a ser jamás. todo se escapa por esa conspiración inexpresiva de decisiónes entre bostezos.
son esos momentos que no se escapan, sino que se pierden.
es la primera, pero no va a ser la última.
voy a seguir con patricia y pensando cosas raras para ver si entre la luz del teclado, el viento fresco en la azotea y la city que se duerme hay alguna otra cosa que me diga que camino voy a tomar cuando sea que deba.